A lo largo de este camino pasaremos por antiguos campos que fueron replantados con pinos entre los años 1960 y 1970. Esta tarea, llamada reforestación, consiste en volver a plantar árboles en zonas donde los bosques se habían perdido. El objetivo de esta plantación masiva es proteger la naturaleza y recuperar esos espacios y sus ecosistemas.
Reforestar se ha convertido en una buena solución ante la pérdida de grandes masas forestales y la lucha contra el cambio climático, dado que tiene muchos beneficios:
- Ayuda a reestablecer la biodiversidad, en especial, que vuelvan animales y plantas que vivían allí.
- Reduce el dióxido de carbono (CO₂).
- Evita que la tierra se erosione o se degrade.
- Protege ríos y zonas donde se recoge el agua de lluvia.
En nuestro país, se llevaron a cabo muchas reforestaciones en los años 70, gracias al llamado Plan de Reforestación de España. Fueron una importante iniciativa para la restauración ambiental del país. Su afán fue proteger y conservar en las mejores condiciones el suelo forestal, protegerlo frente a los riesgos naturales, mejorar los paisajes y proveer de recursos madereros a los territorios.
Uno de los pasos más importantes para reforestar bien es elegir qué tipo de árbol se va a plantar. Para eso, hay que estudiar qué plantas crecen en esa zona, qué clima hay, para qué se quiere hacer la repoblación y qué tipo de bosque se quiere conseguir.
En la provincia de Huesca, las especies más empleadas en estas repoblaciones han sido el pino en diversas variedades, como el pino laricio (Pinus nigra), el pino carrasco (Pinus halepensis), el pino silvestre (Pinus sylvestris), el pino negro (Pinus uncinata), el pino piñonero (Pinus pinea) y la encina (Quercus ilex).
El erizón o cojín de monja
A lo largo de esta ruta también es habitual encontrar la Echinospartum horridum, conocida popularmente como erizón o cojín de monja.
Se trata de un arbusto espinoso, de forma redondeada y muy compacta, que puede alcanzar hasta 50 cm de altura y más de un metro de diámetro. Coloniza con facilidad claros del bosque, laderas erosionadas, zonas afectadas por incendios y antiguos campos de cultivo. Sin embargo, tiende a desaparecer cuando los árboles crecen y empiezan a dar sombra.
Una de sus principales características es la estructura de sus ramas, que presentan seis «costillas» o aristas, dispuestas en forma de T. Además, las ramas jóvenes están cubiertas por un vello fino y sedoso, que en botánica se denomina textura serícea. Este rasgo la distingue de otras especies similares en la Península Ibérica. Su floración, con tonos amarillos muy llamativos, suele producirse entre julio y octubre.

