Los protectores del bosque

Etapa 9

Silvicultura naturalística
Silvicultura naturalística

A lo largo de esta ruta te sugerimos observar las marcas de colores que puedes apreciar en los árboles. Estas marcas se deben a que en esta zona se practica la llamada silvicultura naturalística, un conjunto de técnicas orientadas a intervenir en los bosques para su cuidado.

Se caracteriza por tratar de aprovechar las propias dinámicas naturales para ayudar al bosque a desarrollarse de forma equilibrada y saludable. De esta forma, se ayuda a mantener el bosque de forma eficiente, empleando menos recursos y dejando que se lleven a cabo procesos naturales de regeneración.

El objetivo es conservar siempre la cubierta de árboles, mejorar el suelo y favorecer la biodiversidad.

Los diez principios básicos de la silvicultura naturalística son:

  1. Mantener la cobertura de árboles a lo largo del tiempo. El bosque nunca debe quedarse sin árboles.
  2. No talar los ejemplares demasiado pronto. Se espera a que lleguen a su mejor momento antes de cortarlos.
  3. Favorecer la regeneración continua. El bosque debe renovarse poco a poco, de forma constante.
  4. Priorizar la regeneración natural. Siempre que sea posible, se prefiere que los árboles nuevos nazcan de forma natural, sin necesidad de plantar.
  5. Aprovechar la sombra y competencia creada por los árboles adultos para ayudar a formar y seleccionar los jóvenes más fuertes.
  6. Mantener y mejorar la fertilidad del suelo.
  7. Trabajar en un sistema de tala con menos cortes, pero más regulares, sin miedo a que se creen pequeños claros.
  8. Minimizar las intervenciones en el bosque, realizándolas con sumo cuidado cuando sean precisas.
  9. Planificar dónde y cómo actuar.
  10. Contar con personas bien formadas y profesionalizadas.

El marcaje de los árboles

En la silvicultura naturalística es fundamental marcar bien el terreno. Esto significa aplicar y adaptar los criterios de gestión directamente en el bosque, teniendo en cuenta las características de cada zona e incluso de cada árbol. Así, se asegura que cada decisión esté en armonía con lo que el bosque necesita.

Lo primero que se debe hacer es elegir cuidadosamente los árboles que se van a conservar. Después, se identifican aquellos que compiten con ellos y que conviene eliminar para favorecer su crecimiento.

A la hora de seleccionar los árboles con futuro, se tienen en cuenta varios aspectos importantes:

  • Vitalidad: que estén sanos y puedan tener un buen desarrollo.
  • Conformación: que tengan una forma adecuada y equilibrada.
  • Localización: que estén bien situados dentro del bosque.
  • Función: que tengan un papel ecológico o estructural relevante.
  • Estrato: si se encuentran en un nivel o altura adecuado dentro del bosque.
  • Especie: si pertenece a las especies autóctonas o más adaptadas al entorno.

Las marcas pueden ser de distintos tipos y formas. Una forma práctica y habitual es hacerlas con espráis de pintura, empleando colores y símbolos diferentes según el tipo de intervención prevista. Por ejemplo:

  • Color blanco para marcar los árboles de futuro. Una línea blanca indica aquellos que se quieren conservar y favorecer.
  • Color rojo para señalar los árboles sobre los que se debe actuar. Los diferentes símbolos indican el tipo de trabajo a realizar. Un punto rojo significa árbol a cortar y una doble línea roja, que se ha de realizar un anillamiento o corte en la corteza.

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